Curar como por arte de magia
Por Laura | April 18, 2010
¿Quién dijo que la ciencia y la magia son incompatibles? Una investigación, recogida en la revisita «Nature Neuroscience», ha arrojado una conclusión insólita: los científicos tienen mucho que aprender de los magos.
Sí, leíste bien, hablo de los magos que hacen parecer realidad lo imposible. De ésos que sacan conejos de los sombreros de copa, cortan por la mitad con sierras a voluntarios del público o se tragan monedas que luego les salen por la manga.
Tal parece que, el antiquísimo saber de éstos podría aportar conocimientos importantes sobre los mecanismos cerebrales responsables de la atención visual y la conciencia.
Después de un encuentro que un grupo de científicos mantuvo con cinco prestidigitadores de fama internacional, se cree que se podrían aprovechar las técnicas de los ilusionistas para tratar trastornos de la hiperactividad y otros problemas derivados de la atención, como el Alzhéimer y hasta casos de lesiones cerebrales.
Y es que los magos son los artistas de la atención y la conciencia. Durante sus actuaciones, manipulan el proceso cognitivo de los asistentes de tal suerte que no seamos capaces de percatarnos de dónde está el truco.
Quizá lo más intrigante del asunto, sea que el mago parece dotado de una intuición especial para aprovechar la forma en cómo la mente filtra lo que vemos. Este conocimiento ha costado siglos de investigaciones a la ciencia, mientras que los artificios del ilusionismo han sido utilizados desde el principio de los tiempos, por aquellos quienes querían aparecer como hechiceros.
Los magos parecen tener muy claras algunas funciones cognitivas como la llamada atención selectiva. Es decir, para que el sistema nervioso central (SNC) sea capaz de procesar la avalancha de información que recibe, hace una selección de la información. Hay les van un par de ejemplos:
Si se produce más de un movimiento, los espectadores seguirán el mayor o si en el escenario se hacen varias acciones al mismo tiempo, la que haya empezado antes será la que atraerá más nuestra atención.
Como dijo alguna vez Oscar Wilde, “el hombre no creerá nunca en lo improbable, pero sí puede creer en lo imposible”. La naturaleza de la manipulación de la atención durante los trucos de magia es una técnica llamada “Misdirección” y tiene varias formas. La abierta, que es cuando el mago hace fijar la atención en una mano mientras se guarda la carta en otra; la encubierta, en la que hace que los espectadores fijen su mirada en un lugar determinado sin indicárselo directamente, o la social, en la que el mago utiliza su propia mirada y otros comportamientos para desviar la atención del público.
Otra herramienta de la cual echan mano los prestidigitadores es del humor, que sirve también de distractivo mientras llevan a cabo las suertes. Inclusive, muchas veces los trucos se realizan mientras el mago cuenta chistes y el espectador cree que éste ni siquiera ha empezado a “hacer magia”.
Así que ya veremos si llevar magos al laboratorio haga que podamos curar algunos padecimientos como por arte de magia. Todo dependerá, a lo mejor, de si ellos están dispuestos a revelarnos todos sus secretos.
Laura Martín
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¿Adiós a las monarcas?
Por Laura | April 11, 2010
El extraordinario fenómeno migratorio de la mariposa monarca; la inmensa nube naranja y negra que viaja más de miles de kilómetros desde Canadá y Estados Unidos para encontrar, en bosques de México, el refugio ideal donde desarrollarse y reproducirse, enfrenta un futuro poco alentador.
El 2010, en específico, ha sido uno de los peores años para éste. A consecuencia de las lluvias, el viento y la caída de nieve, los expertos apuntan que este invierno murió la mitad, sí, leyeron bien, la mitad de la población total de mariposas monarcas.
Todo el sentido del viaje, que dura poco más de un mes y durante el cual recorren alrededor de 120 kilómetros por día, no es otro que el encontrarse con un clima benigno y un hábitat abundante en alimentos.
El cambio climático ha hecho sentir sus estragos: las tormentas de nieve que recientemente afectaron ciudades de Estados Unidos como Filadelfia y Washington comenzaron, como las lluvias en México, fuera de temporada, cuando el aire templado fue afectado por la humedad del océano.
Aunque la Monarca se caracteriza por su resistencia y longevidad (tiene un ciclo vital de hasta 9 meses frente a 24 días de otras especies), el ambiente cada más adverso amenaza seriamente su sobrevivencia.
Los expertos temen que inviernos más severos y con tormentas, hagan irreversible la reducción de la migración de estos insectos. Pero, incluso antes de que el mal clima se convirtiera en un nuevo enemigo, la monarca estaba amenazada por la pérdida de comida y hábitat, derivada de la tala ilegal de bosques.
Basta con mirar las fotografías satelitales para constatar lo dramático de la tala ilegal en la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca. Allí se han arrasado más de 450 hectáreas, dejando a las mariposas a la deriva durante su periodo de descanso y reproducción.
Además, no sólo en México se cuecen habas. En Estados Unidos ha habido un gran aumento en la siembra de maíz y frijol de soya transgénicos, sustituyendo los cultivos de algodoncillo, alimento importantísimo para las mariposas.
Por ahí, también se especula sobre malos manejos de las ONG´s encargadas de la conservación de esta especie.
Desde hace generaciones, oriundos de las zonas cercanas a donde llegaban las nubes de mariposas monarcas, consideraban su llegada como el regreso de las almas de sus ancestros.
En fin, que a este paso ésos mitos quedarán en el olvido. Entre octubre y marzo, las monarcas ya no encontrarán en los bosques mexicanos el hábitat ideal, ni se verán ya esas enormes nubes naranjas y negras que cautivaban a sus espectadores.
Laura Martín
laura@after.com.mx
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Y sigue la mata dando
Por Laura | April 4, 2010
Allá por el viejo continente, la Iglesia Católica enfrenta la semana santa azorada ante cientos de denuncias de abusos sexuales a menores. Éstos ocurridos durante los últimos 40 años en Irlanda, España, Holanda, Suiza, Austria y Alemania.
En América tampoco le corren tiempos más tranquilos. Las imágenes grabadas con una cámara oculta en las cuales el sacerdote brasileño Luis Marques Barbosa, de 82 años, aparece manteniendo relaciones sexuales con un joven y la detención en Chile de un religioso español, perteneciente a la congregación de los Clérigos de San Viator, acusado de posesión de pornografía infantil y abuso de al menos 15 menores de colegios españoles entre 1992 y 2005, han desatado la tempestad.
En días pasados, el Vaticano hizo pública una entrevista realizada al “Promotor de justicia” del Tribunal de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Charles J. Scicluna, publicada en la revista Avvenire, en donde éste confirmó que en los últimos 9 años ese órgano ha investigado 3 mil casos de denuncias a sacerdotes y religiosos “por actos de indecencia sexual”. Además, dijo que el 60 por ciento de estos casos tienen que ver con efebofilia (atracción sexual por adolescentes del mismo sexo); 30 por ciento con relaciones heterosexuales y 10 por ciento actos de pedofilia.
En México, el caso más sonado de pederastia entre la jerarquía católica es, sin duda, el del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, que de tan escandaloso, ha rebasado la imaginación de hasta sus más grandes detractores.
Éste no sólo carga sobre sus espaldas el abuso de muchos menores (se habla de más de 100 denuncias) sino hasta el de sus propios hijos (cada vez le aparecen más). Hecho que, sin duda, le da un tinte de banalidad, de pecadillo sin importancia, a su dependencia a la morfina y al hecho de que haya plagiado el 80 por ciento de ‘El Salterio de mis días’, uno de los manuales básicos de la orden, de una obra titulada ‘El Salterio de mis horas’, del republicano español Luis Lucía Lucía. Los propios Legionarios aceptan que Maciel copió “más del 80% del libro original tanto en contenido como en estilo”.
Si bien fue en 1997 cuando ocho ex miembros de los Legionarios de Cristo denunciaron, a través de una carta enviada a Juan Pablo II, los abusos sexuales a los cuales fueron sometidos por Marcial Maciel, las acusaciones en su contra datan de muchos años antes. Existen pruebas indicatorias de que desde los años cincuenta los Jesuitas de México denunciaron conductas ilícitas cometidas por Maciel, ante lo cual, el Vaticano guardó silencio.
Todavía en el año 2005, cuando los Legionarios soñaban con elevar a Maciel hasta los altares, el legionario Juan Pablo Ledesma afirmaba:
“Las actuales calumnias contra Marcial Maciel, expuestas por quienes lo acusan de pederasta, serán un elemento muy positivo que demostrará su temple de santo al momento de abrir su proceso ante la Congregación para la Causa de los Santos.”
“ Si revisamos la vida de los grandes fundadores, encontraremos que prácticamente se repite la misma historia. Ellos también fueron calumniados, despreciados y amenazados. De manera que esas calumnias contra el padre Maciel yo las veo como algo muy positivo, no representan ningún problema…”
A quienes ayer acosaron, demonizaron y hasta amenazaron a las víctimas y hoy lloran por el engaño de Maciel, les corresponde callar o, en su caso, denunciar lo que saben. Es inaceptable que ahora dicten cátedras de moral y de respeto quienes han jugado a los ángeles y los demonios por años. El mundano placer del “se los dije” , se empaña ante la magnitud de los hechos.
Se equivocan aquellos que afirman que todos estos escándalos no son sino una campaña de desprestigio contra la Iglesia Católica. Los delitos, sin importar quien los cometa ni el credo que éstos profesen, deben ser juzgados por el bien de la sociedad en su conjunto. Aquel que los encubre se convierte en cómplice.
Esto no es una carrera de mártires, ni una cacería de brujas; se trata de una reivindicación de la verdad. Se trata, al fin, de poner las fichas en el lugar al cual corresponden.
Laura Martín
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¿Locos o enfermos?
Por Laura | March 21, 2010
Esta epidemia avanza en silencio, como si la sociedad no quisiera oírla. Pero no es como para tomarse a la ligera: la depresión en el año 2020 será la causa más importante de incapacidad y muerte, seguida de las enfermedades cardiovasculares.
Datos de la Organización Mundial de la Salud señalan que hoy en el mundo 450 millones de personas padecen alguna enfermedad mental, de las cuales 350 millones sufren de depresión. Dicha dependencia asegura que de las 10 enfermedades más frecuentes y de alto costo entre la población mundial, por lo menos cuatro son de tipo mental: la epilepsia, la depresión, el alcoholismo y el trastorno bipolar.
A pesar de ser cada vez más frecuentes, las enfermedades mentales siguen siendo un tabú. Quienes las sufren son estigmatizados y aislados.
Dichos padecimientos son crónicos y, por lo tanto, incurables. Los afectados deben aprender a vivir con ellos como lo hace un diabético o un hipertenso. Sin embargo, estas enfermedades no acaban por reconocerse como tales. Para muchos, quienes las sufren no son enfermos, sino que simple y sencillamente “están locos.”
En países desarrollados, se calcula que un 75% de las personas que sufren desórdenes mentales no recibe tratamiento. En México el problema es mucho peor. Hace sólo unos meses, el Secretario de Salud, José Ángel Villalobos, declaró que en el país nada más el cinco por ciento de los enfermos mentales demandan atención: “Únicamente la mitad de ellos reciben atención adecuada y en promedio se tardan hasta siete años para ser atendidos”, puntualizó.
En México casi 20 millones de personas sufren trastornos mentales de algún tipo y afectan a una de cada cuatro familias. En contraste, mientras que la OMS recomienda un psiquiatra por cada diez mil habitantes, aquí tenemos uno por cada 43 mil.
La última Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica arroja las siguientes cifras: “Entre el siete y el diez por ciento de los ciudadanos en México tiene depresión; el 1.6 por ciento trastorno bipolar; el uno por ciento esquizofrenia; entre el cinco y seis por ciento de la población entre seis y 16 años presenta trastorno por déficit de atención e hiperactividad; y más de 500 mil adultos mayores de 65 años son susceptibles a padecer demencia”.
Lo dicho. El tema no es para tomarse a la ligera. Estigmatizar a quienes sufren alguna enfermedad mental frena la creación de una cultura de la salud mental. Hecho grave si consideramos que estos trastornos son cada vez más frecuentes no sólo en la población mexicana, sino en todo el mundo.
Las enfermedades mentales son un tema pendiente en México. Son un fantasma que discapacita y aisla.
Un fantasma que, aunque no queramos ver que existe y avanza, ahí está y puede acecharnos a todos en cualquier momento de nuestras vidas.
Laura Martín
laura@after.com.mx
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Seguiremos insistiendo
Por Laura | March 14, 2010
Hace unos días se celebró el Día Internacional de la Mujer y yo me pregunto si tal celebración no es más que un lavado de conciencias; un día donde se repiten las estadísticas, los problemas y las inequidades a las que se enfrentan las mujeres en el acontecer diario, para, a la mañana siguiente, quedar en olvido por otros 364 días.
Lo cierto es que, a cien años de que en la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en Copenhague se estableciera el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer (aunque se celebró por primera vez en 1911 y fue adoptado por la ONU hasta 1977), aún queda mucho por hacer en cuanto a la desigualdad de géneros.
Y lo cierto es, también, que muchos ponen en duda que la desigualdad de género sea tan pronunciada. Para ellos, ahí van algunos datos de la Organización de las Naciones Unidas:
-Anualmente 536 mil mujeres mueren por complicaciones durante el embarazo y el parto; la gran mayoría de ellas prevenibles.
-Hasta un 70 por ciento de las mujeres han experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida. (Este devastador porcentaje hace que la violencia pueda considerarse como una “pandemia”).
-Un 52.6 % de las mujeres forman parte de la fuerza laboral, frente a un 77.5% de los hombres.
-En promedio, nada más un 7.1% de los miembros de delegaciones oficiales y
un 2.1% de los firmantes de acuerdos de paz son mujeres (Esta escasísima representación, sin duda, limita la adopción de políticas y programas en torno a la igualdad de géneros).
-Cada año 5 mil mujeres son asesinadas en nombre del honor.
Por si les parece poco, el último informe de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT), titulado “Las mujeres en el mercado de trabajo: Medir el progreso e identificar los desafíos”, indica que más de una década después de que la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing, “la discriminación de género permanece profundamente arraigada en la sociedad y la igualdad entre hombres y mujeres en el mercado laboral está aún muy lejos de ser una realidad”.
Este documento asegura que es más difícil para una mujer que para un hombre encontrar trabajo y que las mujeres empleadas reciben salarios y beneficios menores que los hombres.
En México, según el INEGI, de cada 100 mujeres ocho no saben leer ni escribir, frente a cinco por cada 100 hombres.
La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo de 2009, revela que de los 41.4 millones de mujeres de 14 y más años, 62.3 por ciento realizó trabajos no remunerados, mientras que de los 37.3 millones de hombres, sólo un 26.5 por ciento desempeñó dichos trabajos. Además, en promedio las mujeres trabajan 41.3 horas a la semana y los hombres 23.2.
Todos los años, en El Día Internacional de la mujer, se insiste a través de millones de foros, en muchos de los temas que ya preocupaban a las mujeres de hace cien años. Una y otra vez se habla de la igualdad, de la emancipación, de los derechos laborales y sociales, de la repartición de las tareas domésticas, de la diferencia de salarios frente a los de los hombres, del acceso a la salud o de la violencia. Sin embargo, en algunos de estos rubros, se avanza a paso muy lento.
Y hasta ver resultados, todos los años, aunque ya no sea Día Internacional de la Mujer, seguiremos insistiendo, pues, como dijo la autora norteamericana Anna Julia Cooper: “la razón más fuerte que tienen las mujeres para hablar, es que el mundo necesita oír su voz”.
Laura Martín
laura@after.com.mx
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Desastres ¿naturales?
Por Laura | March 7, 2010
Mientras en Haití no terminan de enterrar a sus muertos, en Chile tratan de rescatar personas aún con vida de entre los escombros.
Cuando pasamos por rachas como ésta, pareciera que el mundo estuviera sumido en un estado de calamidad permanente. Y sin querer ser pesimista, puede que así sea.
Según el recién publicado informe de la Oficina de la Naciones Unidas sobre las catástrofes naturales acontecidas del año 2000 a la fecha, en este periodo unos 38,000 desastres naturales cobraron la vida de más de 780,000 personas. De ellas, especifica el informe, los terremotos son la estrella macabra pues representan el 60%. Le siguen las tormentas con un 22% y las temperaturas extremas con un 11%. Estos dos últimos, son fenómenos que, de acuerdo a los expertos, están íntimamente ligados al calentamiento global.
Sabemos que La Tierra está bajo un proceso de trasformación continua y que lluvias, erosiones, erupciones o movimientos de tierra, a los cuales llamamos fenómenos naturales, son parte de su devenir natural. Por otro lado, nos referimos a desastres naturales cuando dichos fenómenos dejan a su paso cuantiosas pérdidas humanas y materiales. Dichas consecuencias, en muchas ocasiones, tienen que ver con la mano del hombre al alterar el medio ambiente. Hoy no es posible negar que la destrucción y degradación de los ecosistemas ha incrementado la vulnerabilidad del hombre a los desastres naturales.
Ahí está, por ejemplo, la terrible inundación de hace unas semanas en Chalco, zona donde por décadas se han construido viviendas y edificaciones a pesar del consabido alto riesgo que esto implicaba.
Claro que hay fenómenos naturales imprevisibles y que se deben a “ciclos naturales” pero, sin duda, sus consecuencias pueden agravarse debido a la mala planeación y a la falta de una cultura de previsión como pueden ser planes de emergencia o sistemas de alerta. Esto — ¿consuelo de otros, consuelo de tontos? — desde luego no es exclusivo de México, como atestiguamos cada vez que pasan estas cosas en otras partes del mundo.
En la televisión comprobamos que, en la grandísima mayoría de los casos, las víctimas son aquellas personas quienes viven en zonas marginadas o cinturones de miseria. Es decir, los pobres son casi siempre los más vulnerables; son quienes tienen mayor probabilidad de perder la vida o la de sus seres queridos o de quedarse literalmente sin nada.
Tampoco olvidemos que para cualquier país enfrentar la reconstrucción tras sufrir desastres de grandes magnitudes es, además de triste, muy costoso en términos económicos, factor que acaba por afectar a todos los sectores sociales.
El fuertísimo terremoto de ¡8.9 grados Richter! ocurrido en Chile (el de 1985 en México fue de 8.1) es uno más de los recordatorios que frente a fenómenos inevitables, normales o cíclicos de la naturaleza, no debemos bajar la guardia en cuanto a políticas de protección civil y que, como nos han dicho hasta el cansancio, seguir destruyendo el medio ambiente no hace sino dejarnos más desnudos y desprotegidos ante la madre naturaleza.
No más niños ahogados para tapar el pozo. Concientizarnos y estar preparados para enfrentar los avatares de la naturaleza parece ser la única manera de aminorar los desastres.
Laura Martín
laura@after.com.mx
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El placer de la lectura
Por Laura | February 28, 2010
El otro día tuve la suerte de que Malusa, compañera de este blog y queridísima amiga, me invitara a participar con ella en su nuevo programa de radio con una sección sobre la lectura que será todos los martes.
El programa se llama “Engatusadas” como el que tiene en la televisión, pero en éste conduce en solitario. Óiganlo: se transmite martes y jueves de 9 a 10 de la mañana por punto diez (10.10 AM).
Al sentarme a reflexionar para el programa de radio sobre el tema de la lectura y de cómo hacer para estimular a otros en su práctica,me domina la idea de que leer es un acto de elección propia donde nos afirmamos, nos conocemos y como muchos han apuntado antes, nos hacemos ciudadanos de todos los países y miembros de todas las familias.
La lectura, antes que nada, es un acto de libertad. Nadie, como nadie puede hacernos comer sin hambre, beber sin sed o enamorarnos por recomendación, puede imponernos el hábito de leer.
Leer es un verbo que se cultiva –sí- con disciplina, pero nunca a disgusto. Leer no es una enfermedad contagiosa; es una actividad seductora, que ha de conquistarnos poco a poco. Hacer de la lectura una obligación no dará jamás lectores pródigos. A los libros hay que acercarse queriendo, y con textos de nuestro interés y nuestra capacidad. A leer, como a casi todo en la vida, se aprende y se va de menos (en sentido de facilidad) a más.
Desde mucho antes que el hombre leyera, la narración oral de cuentos conquistó a todos los pueblos de la humanidad. Los griegos, ahí está el Liceo de Aristóteles, hacían lecturas en voz alta que luego eran discutidas en grupo.
La lectura en voz alta en los conventos medievales, por ejemplo, era una práctica habitual.
A propósito ahí está la anécdota de los habanos cubanos “Montecristo”. En Cuba era (y es) muy popular la tradición de leer en voz alta a los trabajadores del tabaco mientras éstos liaban. Cuentan que en una ocasión les leyeron “El conde de Montecristo” de Alejandro Dumas, a consecuencia de lo cual los trabajadores quedaron tan conmovidos que escribieron al escritor francés para que los autorizara a bautizar a la empresa de puros como el héroe de la novela.
Hoy la lectura se ha convertido en un acto predominantemente individual. Leer es, más que nunca, una afirmación de nosotros mismos. No impongamos a nuestros hijos lecturas; leamos con ellos y recomendémosles títulos adecuados a su edad e intereses.
Leer se trata de gusto, de placer, nunca de imposición, ni de aburrimiento, ni de castigo.Leer es un tesoro por encontrar, un mundo por descubrir, un universo único, un caballo y un jinete.
“Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro.” Y qué razón encierran estas palabras de la poeta estadounidense Emily Dickinson.
Como dijo Cervantes,” El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.”
Laura Martín
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Un juego para vivir otra vida
Por Laura | February 21, 2010
B. es un solitario profesor universitario que lleva una doble vida: en las noches se convierte en Unus, un guerrero humano que libra las más cruentas batallas contra horcos y dragones. Al conectarse a World of Warcraft, millones de jugadores desde cualquier parte del mundo, igual que B., dejan su vida real atrás, para vivir aventuras inimaginables en un mundo épico-fantástico. Mejor conocido como WoW, este es un videojuego 3D de estrategia, en tiempo real, de los llamados de rol multijugador y desarrollado por Blizzard Entertainment. Diversas fuentes consultadas, coinciden en que se puede hablar de unos nueve millones de suscriptores a lo largo del planeta.
A diferencia de su antecesor Warcraft, en WoW se explotan a profundidad las posibilidades de relacionarse y establecer roles entre los personajes, que tienen sus propias “personalidades virtuales”. Y es que en WoW no nada más se libran guerras fantásticas, también se hacen amigos y hasta noviazgos.
La cosa en Wow, muy pero muy simplificada, va más o menos así: Los jugadores entrarán a la Era del Caos (tiempo real) a través de un avatar (un otro yo) a un reino que habrán preseleccionado y donde pertenecerán a la Horda o la Alianza, dos bandos enemigos. Habrán escogido también la raza o especie de su personaje (como los orcos o trols para la Horda y los humanos o enanos para la Alianza) y su jerarquía (como guerreros, sacerdotes, brujos, druidas, cazadores o magos) En ese mundo podrán conversar, formar aliados y compartir hermandades con otros miembros de su misma facción.
En caso de morir, en este mundo la cosa no resulta tan trágica: puedes convertirte en fantasma o ser resucitado.
Los personajes son dinámicos: ganarán experiencia y habilidades y podrán aprender oficios. Del éxito de sus empresas, entre las cuales puede estar una batalla contra monstruos terribles o una misión especial, los jugadores podrán obtener beneficios económicos, puntos y objetos. Tal cual sucede en el mundo real, festividades tales como Halloween, Navidad o Pascua afectan la cotidianidad del juego.
Otros factores que inciden en “este mundo paralelo” son los cambios climáticos, como las nevadas, las tormentas de arena o las lluvias torrenciales. Bancos, casas de subastas, buzones para recibir y enviar mensajes, objetos o dinero, están disponibles en gran parte del territorio de Wow.
World of Warcraft ha ganado varios galardones internacionales, ha inspirado sátiras, como la que les valió un premio Emmy a los creadores de South Park y ha sido usado para anunciar productos como camiones Toyota.
Legendary Pictures ha anunciado la realización de una película sobre Warcraft, dirigida por Sam Raimi, director de la saga de Spiderman.
Wow es un juego donde los jugadores poseen la libertad de hacer lo que les dé la gana. No se trata de ganar o perder, se trata de vivir otra vida, de tener una existencia paralela.
Pagar de forma mensual con tarjeta de crédito o debito o comprando tarjetas de juego por un monto preseleccionado; permite a muchos vivir una existencia que les resulta mucho más emocionante que la suyas de simples mortales. Ahí tienen a B., quien confiesa sin tapujos que es mucho más feliz como Unus, un valiente guerrero en Wow, que como solitario profesor en una universidad de Puebla.
Laura Martín
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La esperanza nunca muere
Por Laura | February 14, 2010
Casas y casas cuyos dueños han dejado varillas grises a la vista por si el día de mañana se puede “echar otro piso”, es algo que vemos con frecuencia en nuestro país. No son casas sin terminar –la mayoría de ellas así se quedarán por sécula seculorum-, son edificaciones hechas con la firme idea de que algún día serán más grandes porque a sus propietarios les ha de ir mejor. Esas varillas de acero son una ilusión; simbolizan que “la esperanza es lo último muere”.
Como nos encanta a los mexicanos, me están construyendo un “cuarto más” en mi casa. En días pasados se “coló el techo” y, tal cual marca la tradición popular, organizamos una comida de carnitas para los trabajadores de la obra.
El colado, por si alguien no lo sabe, consiste en preparar la mezcla de cemento y mediante cubos de lata o en algunos caos medios más modernos, vaciar lo sobre el que será el techo de una construcción. Celebrar esto me ha llevado a reflexionar sobre la significación que se le da en México a esto de “tener un techo”.
Este festejar que “ya tenemos un techo” y este “agradecerles que nos lo han construído”, no deja de ser una paradoja. Los albañiles construyen viviendas pero muchos, la mayoría diría yo, no tienen y quizá nunca tendrán una propia.
Sus vidas transcurren a la intemperie, entre cemento, alambres, varillas, grava, arena, ladrillos. Los sonidos del martillo, la sierra y el taladro son su diario ruido de fondo.
El suyo es un oficio vertical: los “maestros” albañiles enseñan a los “chalanes” y es común que se transmita de padres a hijos. Es un trabajo errante que genera vulnerabilidad e inestabilidad: ¿Habrá otra obra cuando ésta termine?
Los ingresos en este medio son limitados y en algunos casos, no se les dan las mínimas prestaciones sociales. Además es una industria donde los accidentes laborales son el pan nuestro de cada día y el desgaste físico una consecuencia inherente. Pese a todo ello, la del albañil es una labor socialmente desprestigiada.
De acuerdo con cifras del INEGI, nueve de cada 10 albañiles no tienen seguridad social como prestación laboral y sólo un 23 por ciento cuenta con contrato escrito; el resto trabaja de manera informal. La escolaridad promedio en el sector es de 5.2 años, lo cual equivale a quinto año de primaria. De cada 100 albañiles sólo 34 terminaron la primaria, 15 la secundaria, 47 no tienen estudios o no los completaron, y 3.8 por ciento tiene pos secundarios.
Por ser un gremio marginal, el de los albañiles ha sido un mundo que muchos artistas han retratado. Vicente Leñero, el reconocido escritor mexicano, hace ya muchos años escribió la que quizá sea su obra capital, la novela “Los Albañiles”, cuya historia gira alrededor del asesinato del velador de una construcción. Las páginas de la novela reflejan muy bien la vida de quienes ejercen este oficio. Es una lectura muy interesante.
También, quiero recomendarles ampliamente el excelente documental titulado “En el hoyo” de Juan Carlos Rulfo, hijo del gran escritor, que trata sobre los avatares de quienes intervinieron en la construcción del llamado “Segundo piso” en la Ciudad de México.
Vaya desde este espacio mi reconocimiento a quienes llevan a la realidad la ilusión ajena de tener un techo, a sabiendas de que quizá nunca puedan festejar “el colado” del suyo. Eso sí, ya sabemos que “la esperanza es lo último que muere”.
Laura Martín
laura@after.com.mx
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El libro digital
Por Laura | February 7, 2010
Ha cambiado al papel por el archivo electrónico, su texto se lee en formato digital, se almacena en diskette, CD-Room o Internet, permite enlaces a otras páginas y/o libros en versión digital y puedes tenerlo a tu disposición tras sólo dos minutos de haberlo solicitado.
Todo parece indicar que 2010 será un año crucial para la industria editorial: el libro electrónico emerge ya como una alternativa seria y real al libro tradicional.
De momento, ha comenzado la guerra entre los dos principales competidores del mercado: el Kindle de Amazon y el recién salido del horno Ipad de Apple.
No es nada nuevo hablar de la muerte del libro tradicional. Pueden rastrearse evidencias de ello desde 1945, cuando se diseñó el proyecto del Memmex, un dispositivo que podríamos considerar el antecedente del libro electrónico, ideado para almacenar grandes cantidades de información, pero que nunca llegó a materializarse.
El libro electrónico nació en 1971 cuando Michael Hart fundó el llamado Proyecto Gutemberg de la Universidad de Illinois: una biblioteca con más de dos mil ejemplares de libros en versión electrónica y de acceso gratuito.
No fue sino hasta una década después que saldría a la venta el que sería el primer libro electrónico con fines comerciales. Se trató de un diccionario de la editorial Random House.
De ahí, el mercado no mostró gran avance hasta 1998 cuando en Gaithersburg, Maryland, se llevó a cabo la primera Feria del Libro Electrónico, donde se establecieron ciertos estándares y regulaciones para su comercialización.
El primer best seller electrónico fue Riding the Bullet, novela del afamado Stephen King. Lanzado (¿publicado?) en 2001 exclusivamente a través de Internet por la editorial electrónica Simon&Schuster a un precio de sólo dos dólares con cincuenta centavos, la novela se vendió como pan caliente: 500 mil copias (¿ya no diremos ejemplares?) durante las primeras 48 horas de haber sido puesto a la venta.
Hoy, muchos debaten sobre el futuro del libro tradicional. Robert Darnton, escritor y director de la Red de Bibliotecas de la Universidad de Harvard, cree que el lector, sobretodo en textos extensos, seguirá inclinándose por el libro impreso.”Un medio no desplaza otro”, dice Darnton en “The case for books” (El caso de los libros) y da el ejemplo de cómo la publicación de manuscritos continuó después de la imprenta de tipos movibles de Gutenberg y hasta principios del siglo XVIII: “Mi amigo el historiador del libro Donald McKenzie”, cuenta Darnton,” sostenía que, en el caso de obras con tirajes de menos de cien ejemplares, era más barato confiarlas a los copistas que imprimirlas”. “La radio no desplazó a los periódicos, así como la televisión tampoco eliminó la radio o el cine. El libro electrónico no hará desaparecer el libro clásico. Creo que más bien llegaremos a un nuevo equilibrio, una nueva ecología de lo escrito.”
Ojalá y sea así como cree Darnton. Sin embargo, mientras se da ese equilibrio entre ambos medios, será interesante observar en qué medida cambiarán los hábitos y las prácticas de lectura actuales.
Laura Martín
laura@after.com.mx
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