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La esperanza nunca muere
Por Laura | February 14, 2010
Casas y casas cuyos dueños han dejado varillas grises a la vista por si el día de mañana se puede “echar otro piso”, es algo que vemos con frecuencia en nuestro país. No son casas sin terminar –la mayoría de ellas así se quedarán por sécula seculorum-, son edificaciones hechas con la firme idea de que algún día serán más grandes porque a sus propietarios les ha de ir mejor. Esas varillas de acero son una ilusión; simbolizan que “la esperanza es lo último muere”.
Como nos encanta a los mexicanos, me están construyendo un “cuarto más” en mi casa. En días pasados se “coló el techo” y, tal cual marca la tradición popular, organizamos una comida de carnitas para los trabajadores de la obra.
El colado, por si alguien no lo sabe, consiste en preparar la mezcla de cemento y mediante cubos de lata o en algunos caos medios más modernos, vaciar lo sobre el que será el techo de una construcción. Celebrar esto me ha llevado a reflexionar sobre la significación que se le da en México a esto de “tener un techo”.
Este festejar que “ya tenemos un techo” y este “agradecerles que nos lo han construído”, no deja de ser una paradoja. Los albañiles construyen viviendas pero muchos, la mayoría diría yo, no tienen y quizá nunca tendrán una propia.
Sus vidas transcurren a la intemperie, entre cemento, alambres, varillas, grava, arena, ladrillos. Los sonidos del martillo, la sierra y el taladro son su diario ruido de fondo.
El suyo es un oficio vertical: los “maestros” albañiles enseñan a los “chalanes” y es común que se transmita de padres a hijos. Es un trabajo errante que genera vulnerabilidad e inestabilidad: ¿Habrá otra obra cuando ésta termine?
Los ingresos en este medio son limitados y en algunos casos, no se les dan las mínimas prestaciones sociales. Además es una industria donde los accidentes laborales son el pan nuestro de cada día y el desgaste físico una consecuencia inherente. Pese a todo ello, la del albañil es una labor socialmente desprestigiada.
De acuerdo con cifras del INEGI, nueve de cada 10 albañiles no tienen seguridad social como prestación laboral y sólo un 23 por ciento cuenta con contrato escrito; el resto trabaja de manera informal. La escolaridad promedio en el sector es de 5.2 años, lo cual equivale a quinto año de primaria. De cada 100 albañiles sólo 34 terminaron la primaria, 15 la secundaria, 47 no tienen estudios o no los completaron, y 3.8 por ciento tiene pos secundarios.
Por ser un gremio marginal, el de los albañiles ha sido un mundo que muchos artistas han retratado. Vicente Leñero, el reconocido escritor mexicano, hace ya muchos años escribió la que quizá sea su obra capital, la novela “Los Albañiles”, cuya historia gira alrededor del asesinato del velador de una construcción. Las páginas de la novela reflejan muy bien la vida de quienes ejercen este oficio. Es una lectura muy interesante.
También, quiero recomendarles ampliamente el excelente documental titulado “En el hoyo” de Juan Carlos Rulfo, hijo del gran escritor, que trata sobre los avatares de quienes intervinieron en la construcción del llamado “Segundo piso” en la Ciudad de México.
Vaya desde este espacio mi reconocimiento a quienes llevan a la realidad la ilusión ajena de tener un techo, a sabiendas de que quizá nunca puedan festejar “el colado” del suyo. Eso sí, ya sabemos que “la esperanza es lo último que muere”.
Laura Martín
laura@after.com.mx
Materias: General |



February 15th, 2010 a las 1:05 am
Los albañiles son un dolor de cabeza. No hay que perder la esperanza pero con ellos. Yo estoy en construcción y no tengo para cuándo acabar. además de la crisis, ellos son irresponsables
February 15th, 2010 a las 1:06 am
Eres muy optimista al pensar que la crisis permitirá siquiera hacer mejoras a la casa. La verdad no hay esperanza en este país ante la grave situación económica
February 15th, 2010 a las 1:06 am
Laura te felicito, porque tu blog además de ser muy ilustrativo de la realidad nos deja el mensaje de que podemos crecer
February 15th, 2010 a las 1:07 am
Simplemente de lo mejor que has escrito. Me gusta tu forma de hacerlo y de dejar siempre una lección. Te mando un beso
February 15th, 2010 a las 1:09 am
Los mejores albañiles son los que hacen películas mexicanas, como Rafael Inclán, Lalo el Mimo, Luis de Alba y Chatanuga
February 15th, 2010 a las 4:20 pm
Es verdad que, vista así, resulta triste su vida; casi todos, sin embargo, andan por ahí de aparente buen humor (cantan, chacotean). A lo mejor tienen un sentido de misión, darle un techo a alguien.
Saludos
February 15th, 2010 a las 4:21 pm
Hay un cuadro de Goya que se llama “el albañil herido”. No hay nada nuevo bajo el sol…seguro que no tenía contrato.
February 16th, 2010 a las 12:15 am
saludos Laura. Creo que es muy importante tu mensaje. Felicidades
February 21st, 2010 a las 3:47 pm
Excelente artículo.Buen tema.
February 25th, 2010 a las 4:33 am
Gracias por sus comentarios María y Salvador.
February 25th, 2010 a las 4:34 am
Sam: Muchísimas gracias y no dejes de asomarte a este espacio.Saludos,Laura.
February 25th, 2010 a las 4:35 am
Ramírez: Muchas gracias de verdad. Así dan ganas de seguir escribiendo.Saludos,Laura.
February 25th, 2010 a las 4:36 am
Raúl: Ja,ja,ja.La verdad sí. Saludos,Laura.
February 25th, 2010 a las 4:36 am
Juan: Pues ojalá y así sea, porq
February 25th, 2010 a las 4:38 am
Mc Tuck: Después del hilo negro y la pólvora, lo demás es una repetición hasta el infinito…
February 25th, 2010 a las 4:38 am
Celia: Muchas gracias. De verdad. Saludos,Laura.
February 25th, 2010 a las 4:39 am
Toño: Gracias y ojalá sigas leyendo este blog. Hasta pronto,Laura.