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De pulpos y de caballos

Por Laura | July 18, 2010

¡Qué hubieran dado Cristiano Ronaldo o Lionel Messi por brillar como el pulpo Paul durante el mundial de Sudáfrica 2010!

Con nueve cerebros y tres corazones, es bien sabido que el cefalópodo de origen inglés, desde el acuario Seelife de Oberhausen, Alemania, acertó todos  los  resultados de los partidos de la selección de ese país, además del de la final.

Ésta, sin embargo, no es la primera vez que un animal se vuelve célebre por sus “habilidades extraordinarias” y me ha recordado al caso del caballo Clever Hans, del cual supe hace ya algún tiempo.

También en Alemania, pero a principios del siglo XX, se hizo famoso un caballo conocido como Clever Hans (el inteligente Hans) pues se decía que podía resolver operaciones matemáticas como sumar, restar y multiplicar, además de formar palabras en alemán (mediante un código creado por su dueño)y algunas otras gracias por el estilo.

Al poco tiempo de haberlo adquirido, su dueño, Wilhein von Osten, descubrió que el animal respondía resolver sumas sencillas. Poco a poco, el caballo “aprendió” operaciones más complejas y se convirtió en un personaje célebre. Osten realizaba presentaciones públicas donde demostraba las dotes de su ejemplar. Cuando se le hacía la pregunta, el animal respondía pateando el suelo: dos golpes indicaban uno, dos, tres golpes un tres y así sucesivamente. Si bien Hans no era infalible, lo cierto es que acertaba la gran mayoría de las veces.

Tal fue la expectación en torno a la inteligencia de Hans, que la junta de educación alemana, con el objetivo de esclarecer el fenómeno,  mandó una comisión investigadora conformada por trece personajes, entre ellos Pfungst -el renombrado psicólogo-, un veterinario, un fisiólogo y un domador de circo. Los miembros de la comisión comprobaron que el caballo sí era capaz de contestar las preguntas aún en ausencia de su dueño y que en el asunto no había ningún truco tramposo por parte de Osten.

Finalmente, como han de suponer, el prodigio tuvo una explicación “lógica”: el caballo respondía correctamente cuando podía ver al interrogador y éste sabía  la respuesta. Es decir, cuando los golpes de Clever Hans se acercaban a la respuesta correcta, el interrogador (aunque no fuera el dueño) cambiaba su postura y expresión, produciendo un aumento de la tensión  cuando el caballo llegaba finalmente a la respuesta “correcta”, lo cual Hans interpretaba como una señal de que era hora de dejar de golpear. Es decir, se trataba de un caso de comunicación no verbal, donde el caballo era capaz de escuchar lo que otros no le decían con palabras, sino con sus actitudes corporales.

La explicación, pensarán con razón, resulta casi tan asombrosa como si de verdad el caballo hubiera hecho matemáticas.

Más adelante, Pfungst traspoló las observaciones a los humanos y demostró que dicho fenómeno ocurre de igual manera entre las personas.  Es decir, que los interrogadores producen las señales involuntarias a pesar de que intenten suprimirlas de manera consciente.

De ahí, en psicología se conoce como “Efecto Clever Hans” al animal o persona que responde a un cuestionamiento influenciado por el comportamiento no intencional del interrogador o de algún testigo del hecho.

A lo mejor  alguien de ustedes ha visto el capítulo de los Simpsons donde se hace una referencia implícita al “Efecto Clever Hans”. En él,  tras la aplicación de un test, se concluye que los Simpson son una familia superdotada. La influencia involuntaria de Lisa, la hija, dirige las respuestas de Homero, March, Bart  y la pequeña Maggie.

El efecto Clever Hans, al fin un fenómeno de origen científico, revela que los humanos comunicamos más de lo que suponemos y que muchos de los que se dicen clarividentes, son más bien expertos en comunicación no verbal.

No deberíamos sorprendernos tanto de la sabiduría futbolística o de la capacidad adivinatoria del pulpo Paul (se ha especulado que la elección tenía que ver con los colores de las banderas), sino de lo que transmitimos sin darnos siquiera cuenta.

Quizá algún científico explique uno de estos días el que podríamos bautizar como   “Efecto Paul” y así sepamos a ciencia cierta  porqué se decantaba por deglutir la almeja guardada en el contenedor con una bandera e ignoraba la otra.

De cualquier forma, atinar a todos los resultados al hilo es una coincidencia que debe tener una explicación científica similar a la de Clever Hans, pero que desde luego,  no le quita lo extraordinario.

Laura Martín

laura@after.com.mx

Materias: Uncategorized | 4 Comentarios »

4 Respuestas a “De pulpos y de caballos”

  1. Choo dice:
    July 19th, 2010 a las 4:20 pm

    Esto del caballo pone un poco en perspectiva, no hay nada nuevo bajo el sol. Los humanos siempre buscamos algún poder superior, místico, adivinadores, oráculos. En esta era posmoderna, un pulpo nos pone a hablar a todos. A mi me deprime un poco, la verdad.

  2. Paulina dice:
    July 31st, 2010 a las 9:43 pm

    Parece que hay animales mas inteligentes que los humanos

  3. Laura dice:
    August 7th, 2010 a las 3:53 pm

    Choo: El hombre tiene una especial atracción hacoa lo místico. ¿Qué se le va a hacer?Un abrazo,Laura.

  4. Laura dice:
    August 7th, 2010 a las 3:53 pm

    Paulina: Pues la verdad sí.Gracias,Laura.

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